Al campo no le van las modas

Artículo de opinión de Vidal Maté.

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Hace varias décadas, al hilo del ingreso de España en la Unión Europea, el blanqueo de dineros negros urbanos en pesetas y las expectativas de las ayudas comunitarias, se desataba una auténtica fiebre por la compra de tierras agrarias, generalmente grandes extensiones en la mitad sur de la península donde grandes familias venidas a menos ligadas a la actividad agrícola o ganadera pasaban el testigo a nuevos ricos urbanos más relacionados con la caza y el ocio. Las compras cumplieron uno de sus objetivos, pero sus efectos no pasarán a la historia del sector agrario.

A renglón seguido, se desataba una corriente de inversiones y compras de bodegas en algunas de las denominaciones de origen más importantes por parte de empresarios y gentes el mundo del espectáculo que habían hecho dinero en actividades fuera del sector. Para demostrar una riqueza emergente ya no bastaba con tener una gran finca, sino que faltaba una bodega. La mayor parte de los nuevos viticultores pronto constataron que la bodega en sí no era el negocio rápido de los sectores de procedencia y que, aunque daba imagen y glamour entre los amigos de fin de semana, lo más rentable era su venta a la baja. Y ahí están docenas en los papeles por falta de compradores. La casi totalidad de los nuevos bodegueros no aportaron nada al sector, amén de muchos excedentes y precios bajos para dar salida a sus caldos. Un cáncer para los mercados.

Desde 2001, con la caída coyuntural de los precios del cerdo de capa blanca y la posibilidad de producir ibéricos de cebo en cualquier granja intensiva del país, lo ibérico se convirtió en punto de peregrinación de empresas del sector y de fuera del sector, en busca de un mejor negocio. Miles de explotaciones se llenaron de estos animales hasta provocar un mercado súper saturado en 2005, caída de precios y con ello la necesidad de reducir censos para volver a la normalidad.

Ante el agotamiento de cultivos tradicionales, almendros, pistachos o nueces se han convertido en posibles alternativas de producción con una fiebre de planes de expansión en varias comunidades autónomas a la vista de las previsiones mundiales de la demanda.

Las frutas de hueso sufren este año los efectos del incremento de superficies en comunidades autónomas que veían el negocio en tierras vecinas. Las frutas del bosque son otra salida de moda, de momento, rentable y con demanda.

Hoy, además de las modas en las políticas de producciones y cultivos, hablar, escribir de los pueblos vacíos, del territorio rural semiabandonado, se ha convertido para muchos en un gran descubrimiento, un tema recurrente de moda, tanto para lamentar y denunciar ese proceso de desmantelamiento, como para cantar las excelencias de pasar por el pueblo en los meses verano.

Las modas en las producciones agrarias nunca le han ido bien al sector, si por debajo no hay una política de mercados que las sustente. No es bueno que los pueblos estén de moda hasta para lamentar su cierre y evitar que el territorio rural sea solo un camposanto. Y para los pueblos, para ese territorio, la mejor noticia sería que los mismos, sus hábitos, sus carencias, sus chascarrillos (los dos únicos vecinos que no se hablan, el alcalde que hace a la vez de alguacil, sacristán y de enterrador, los vecinos que venden la caza de sus cotos, su único deporte, para pagar la traída de aguas, asfaltar las calle o poner farolas para alumbrar las largas noches del invierno, las escuelas cerradas sin niños, el supermercado callejero en base furgonetas donde cada claxon anuncia un tipo de suministro, el médico a la semana) dejaran de estar de moda porque alguien, muchos departamentos de todas las Administraciones, se comprometieran a diseñar una estrategia para que en ese territorio siempre fuera verano y nunca llegara el invierno… aunque solo quedara el último voto.

Fuente: Euroganadería