‘La evidencia científica ofrece pocas dudas sobre el cambio climático’

Teresa Ribera es licenciada en derecho y pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Actualmente dirige el Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI), fue secretaria de Estado para el Cambio Climático en el Gobierno de España entre 2008 y 2011, responsable de políticas medioambientales y climáticas, así como del organismo nacional de meteorología. En años anteriores, fue directora general de Clima (2004-2008) y ocupó diferentes cargos en los ministerios de Obras Públicas, Transporte y Medio Ambiente (1996-2004). En enero de 2017 fue nombrada por el Gobierno sueco como miembro de la junta directiva del Instituto del Medio Ambiente de Estocolmo. También es miembro del Consejo Asesor Global sobre el Clima del Foro Económico Mundial y del Consejo Global de Liderazgo de SDSN.

Pregunta.- ¿Qué evidencias científicas existen de que el cambio climático es real? ¿Con qué herramientas contamos para hacer frente a ello?

Respuesta.- Es una pregunta bastante sorprendente. La evidencia científica, las series históricas de datos observados ofrecen pocas dudas al respecto. Las ciencias del clima, el entendimiento del cambio climático son recientes y queda mucho por precisar pero son suficientemente claras y contundentes como para afirmar la relación de causalidad entre actividad del hombre y alteraciones del sistema climático; entre cambio en las condiciones físicas y químicas e impactos biológicos y ecosistémicos para acabar incidiendo directamente en la realidad social y económica.

Todavía hay muchas incoherencias en las señales regulatorias, las políticas sectoriales etc. Tenemos soluciones técnicas que han de abrirse paso hasta convertirse en una nueva normalidad, como las renovables, determinadas tecnologías de depuración, eficiencia o desalación de agua, o el potencial de las soluciones digitales para favorecer eficiencia. En general, la herramienta más potente es la convicción, la capacidad de cada cual para entender por qué es un problema inmenso que requiere respuestas ya, facilitadas por instituciones pero exigidas por ciudadanos que son también consumidores y votantes exigentes y coherentes.

P.- ¿Qué supone el Acuerdo de París en cuanto al actual modelo energético y de usos de suelo?

R.- Supone, por un lado, un acuerdo global sobre el nivel máximo de riesgo que estamos dispuestos a tolerar. Por otro, una puesta en común de los procesos de cambio estructural más importantes desde el punto de vista del ciclo del carbono y nuestro modelo de desarrollo: los sistemas energéticos y los usos de suelo. Si queremos mantenernos dentro del umbral de seguridad de los 1.5/2ºC necesitamos sistemas energéticos cero emisiones; y usos de suelo que incentiven la absorción natural y eviten al máximo las emisiones sin poner en peligro otros objetivos clave como la seguridad alimentaria o la preservación de la biodiversidad.

No hay ninguna experiencia completa de la que poder inspirarnos pero sí algunas herramientas que nos ayudan a la reflexión sistémica, a identificar dificultades y oportunidades y modos en los que estas se pueden combinar con las prioridades de cada momento. Imaginar sendas de descarbonización a 2050 de la energía y del modelo agrícola/usos de suelo es fundamental. Y el Acuerdo de París invita a todos a hacer este ejercicio y compartirlo con los demás en 2020.

P.- ¿Cuáles son los principales puntos que deben contemplarse en la nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética que está preparando el Gobierno?

R.- Esta Ley debe fijarse objetivos generales y sectoriales a medio y largo plazo. Debemos, además, dotarnos de instrumentos transversales que nos ayuden en esta conversación y este proceso de aprendizaje, cómo construir sendas que vamos a ir revisando sobre la reducción de emisiones, impactos en la economía nacional a través de informes como el del Banco de España o del reporte obligatorio de las empresas cotizadas; una fiscalidad coherente compatible con lo que queremos incentivar, en el caso del sector agrario especialmente ya que hay muchas posibilidades de favorecer fiscalmente en términos de solidaridad de reparto de inversiones para comportamientos que favorecen la capacidad de extracción de carbono del suelo, la capacidad de mantener a través de soluciones basadas en la naturaleza la resiliencia frente a los efectos del cambio climático.

Por último, la Ley debe asegurar un diálogo periódico y revisión sobre cómo vamos, qué hemos aprendido y cómo podemos fortalecer lo que estamos haciendo.

P.- ¿Qué supone tanto para la comunidad científica como para la sociedad en general la labor que desarrollan centros de investigación como el CEIGRAM o el IDDRI que usted dirige?

R.- La capacidad de investigación, análisis y propuesta desde los centros de investigación de ciencias sociales, ciencias aplicadas y tecnológicas es muy importante. Nadie ha hecho este proceso de cambio hasta el final, estamos aprendiendo y por tanto que la comunidad científica acompañe esta reflexión, proyecte, estime y analice cuales son los efectos combinados de determinadas propuestas y haga recomendaciones sobre que propuestas pueden facilitar mejor ese cambio es la única manera de anticipar una respuesta a algunos riesgos, haciéndonos a todos la vida más fácil.

Además, en la época que estamos viviendo de grandes cambio para los que no hay respuesta, el desafío es de tal magnitud que para la comunidad científica es especialmente importante mostrarse como una comunidad que entiende el mundo en el que vive y quiere contribuir a resolver los problemas del mundo, mostrando ese retorno social y por tanto impulsar al máximo esa conversación entre ciencia y sociedad.

P.- ¿Cómo valora el sistema de I+D+i que tenemos en España? ¿En qué cree que debemos mejorar?

R.- En España hay gente y equipos de investigación excelentes, hay más excelencia aislada y esporádica que una apuesta permanente y estable que asegure que esa excelencia emerge, lo que resulta muy frustrante. Con carácter general, se aprecia menos de lo que se debería la calidad de la investigación en España y se acompaña infinitamente menos de lo que se debería, lo que prácticamente convierte en héroes a los que logran superar la barrera, alumbrando algo importante.

Eso se pone de manifiesto en muchas variables en la cantidad de recursos del presupuesto público o incluso de la inversión que las empresas dedican a la I+D, en la estabilidad y flexibilidad de programas básicos acompañados de programas específicos, ni es flexible ni es estable. Además hay muy poca conversación entre el colectivo que se dedica a la investigación e I+D y los colectivo decisores. Esto hace vulnerable los procesos de decisión que muchas veces son arbitrarios y poco solventes a la hora de tomar una decisión. Sin embargo, sorprende que a pesar de estas dificultades tengamos centros de investigación de excelencia como los que tenemos, contamos con una comunidad que está formada por héroes de la investigación, puesto que la tentación desde fuera es tan fuerte que tiene mucho mérito quedarse y apostar.

Creo que España no se lo puede permitir; para poder encarar el futuro debe entender cuáles son los desafíos de futuro, así como las oportunidades que se pueden construir y facilitar que los procesos de toma de decisión se apoyen en conocimientos solventes sobre que significan esas decisiones.

Fuente: http://www.euroganaderia.eu